dimarts, 25 de setembre de 2007

David Mira


Aquest és de l'any 2006, però m'agrada recordar-lo

Matagalls - Montserrat 2006

Realización de la famosa marcha de resistencia, la caminata con más participantes de Cataluña. El tiempo empleado en realizar los 83,3 kilómetros de recorrido superando un desnivel acumulado de 5980 metros es de 21 horas y 8 minutos, siendo el máximo 24 horas. Tantas horas de marcha en solitario invitan a la meditación y a recordar experiencias pasadas.



Estamos a 16 de septiembre de 2006. Esta tarde comienza la XXVII edición de la caminata más popular y multitudinaria de Cataluña, la Matagalls – Montserrat, apodada como la fiesta del excursionismo pese a que normalmente el caminante acaba sufriendo para llegar a meta o bien debe abandonar. Para mí, participar en la prueba es un viejo sueño. Comenzó a forjarse hace un par de años, momento en que me iniciaba en el excursionismo con mi primera cima, el Matagalls. Cuando en septiembre de 2004 contaba con sólo dos excursiones sobre mis espaldas ya intenté participar, pero tuve que desistir por incompatibilidad con el trabajo. Tras no poder asistir por diferentes motivos en las ediciones de 2004 y 2005, me estreno en la edición número 27, mi número favorito. Lo sé, es un número extraño.



Con la ilusión de haber llegado un día tan esperado, me dispongo a partir de casa tras hacer la mochila a última hora, como siempre. Introduzco en ella una linterna, unos cacahuetes, una botellita de agua, unos pañuelos de papel y cuatro pares de calcetines, así como un polar. El chubasquero pesa demasiado y renuncio a él pese a que ha estado diluviando toda la semana; en su lugar coloco un poncho del todo a cien. Me introduzco en el interior de la Tierra gracias a la estación de metro de mi barrio, el Gorg, abandonando posteriormente el subsuelo en la Plaza Joanic, lugar donde van a partir los autocares puestos por la organización hacia Collformic al módico precio de ocho euros por trayecto. El billete lo he comprado al ir a inscribirme al Club Excursionista Gràcia, ubicado en el Pasaje Mulet número 4. El precio de la inscripción es de 23 euros.



Nada más llegar al punto de partida del autocar, me comienzo a preguntar varias cosas. ¿Qué hago yo aquí entre tanto musculmán luciendo mallas y una flameante camiseta de la Cursa de Bomberos? Por suerte hay algunos que vienen a caminar como yo y no a realizar marcas estratosféricas que rondan las diez o doce horas. No hay mujeres, ¿partirán desde otro lugar? No lo creo, simplemente es una prueba mayoritariamente masculina. De echo, en la última edición más del 86% de los participantes que tomaron la salida eran hombres y menos de 14% mujeres, unos porcentajes significativamente diferentes si se comparan con los practicantes del excursionismo y amantes de la caminata. Así, la conclusión es clara: los que vienen a correr son casi todos hombres. Exactamente, en 2005 fueron 2503 los participantes que tomaron la salida. 338 eran féminas y de éstas sólo 157 alcanzaron la meta en menos de 24 horas. No da muchos ánimos de cara a afrontar la prueba el saber que en la pasada edición hubieron más de 1000 abandonos, habrá que mostrarse fuerte psicológicamente y saber regular las energías.



En plena ciudad de Barcelona, los montañeros y corredores hemos invadido parte de ésta. Estamos sentados en los bancos o en los escaparates de los comercios, charlando de pie en la acera o incluso haciendo las últimas compras en el supermercado. Varios autocares están parados en la carretera. Uno de ellos abre la puerta y tomo asiento con mi mochila antes de que el conductor diga a los participantes que se disponen a subir a bordo que las mochilas y los piolets hay que dejarlos en el portaequipaje, no se puede subir con nosotros. Por descontado, ha confundido los bastones de trekking por piolets.



Desde la ventanilla observo la cola que hay formada para subir a otro autocar. Puedo observar a la gente mientras que ellos no me pueden ver a mí debido a los cristales oscurecidos del autocar. Mi labor de espionaje me permite detectar que un hombre lleva diez paquetes de pañuelos de papel, es decir, cien pañuelos. ¿Tan resfriado debe estar? ¿Quizá es el porteador de pañuelos de su centro excursionista? Parece que el sherpa a la española los acaba de comprar ya que se queda con un par de paquetes y deja los ocho restantes sobre una moto a disposición de quien los quiera coger. Cerca un participante hace cola para subir al autocar junto a su perro, uno de esos con orejas largas llamados Cocker Spaniel. ¡Pobre perro, qué culpa tendrá él! Como le haga al perro caminar durante 83km por la montaña para arriba y para abajo, la próxima vez que lo saque de casa a pasear lo hará acojonado.



Los excursionistas, paseantes y corredores presentes lucen ropas de todo tipo. Los hay que van a la última, siguen los patrones de la moda para la montaña al igual que en su día surgiera la del mundo del esquí. Está también la moda de la vestimenta para correr por la montaña. Parece ser que una mochila pequeñita Quechua azul de 10L es bastante popular ya que durante la marcha las observo a decenas. Pero hay quien no se deja influir; el tiempo no pasa por algunos de nosotros y el aluminio ultraligero, el titanio, urano y plutón son igual de lejanos; se trata de un hombre con un palo. Quizá un palo con un hombre al lado. Las de aventuras que habrá vivido con él, la de recuerdos que le debe traer esa rama, por no decir tronco, que tiene que acompañarle hasta Montserrat a modo de bastón. Es un superhéroe de los tiempos modernos. Si consigue llegar a Montserrat con semejante materia muerta, será mi nuevo Dios. Aunque esta vida está muy mal y hay mucha competencia. Ahí está, es un hombre que lleva colgando de la mochila un enorme saco de dormir quechua, creía que eso de parar a dormir tres horas y luego continuar con el camino es una leyenda urbana. Tengo que empezar a plantearme el politeísmo por si en Montserrat me encuentro a un saco de dormir eclipsando a un hombre y a un tronco caminando junto a un señor.



El autocar se pone en marcha diez minutos antes de lo previsto. Mientras nos dirigimos al Montseny en tan veloz medio, la meteorología se encapricha en que hoy tengan que caer unas gotas, y así sucede. ¡Por favor, que no llueva, que tengo el chubasquero en casa! El viaje se convierte en una lección de geografía ya que varios peajes nos recuerdan que nos encontramos en territorio catalán. La carretera que sube a Collformir se haya colapsada a falta de un par de kilómetros. Un policía autonómico intenta poner orden sin éxito, es difícil el cruce de dos autocares en tan estrecha carretera. La impaciencia empieza a notarse entre los pasajeros, los coches tienen absoluta prioridad para tirar adelante mientras nosotros llevamos un tiempo estacionados en la carretera. Es inútil, acaban dejándonos en una especie de aparcamiento y debemos subir caminando hasta el aparcamiento en donde tiene comienzo la prueba, no es exactamente en Collformic sino a mitad de camino.



Nada más llegar al descampado aprecio la gran cantidad de gente y el ambiente que se respira en el comienzo de la prueba de montaña más importante de Cataluña. Cada loco con su tema: mientras unos se inscriben, otros toman un refresco gratuito del stand de Coca Cola. Otros van a que les adjudiquen la hora de salida, también los hay que descansan en el suelo. Otras ocupaciones son hacer cola para ir al lavabo o charlar con amigos o familiares. Lo primero que hago es ir a por una Coca Cola, mi gran compañera de las jornadas nocturnas de trabajo e incluso de alguna ascensión invernal al Puigmal, así como acompañante en el formato de 2L durante una reciente travesía por el macizo más alto de Cataluña. Tras el vicio, voy a que me asignen una hora para salir. Son las 16:55 y me ha tocado a las 18:55, ¡faltan dos horas! Una de mis cualidades no es saber estar dos horas sentado sin hacer nada, mi ritmo de vida me lleva a estar siempre activo. Investigo los alrededores. Me meto en un bosque y comienzo a ascender hasta encontrarme con varias vacas asustadizas. Camino por una pista con gente sentada a ambos lados esperando el comienzo de la prueba. El tiempo no parece avanzar mucho así que subo hasta Collformic ya que desde lejos veo bastante gente ahí. Me siento en el césped bajo un señor de pie con el paraguas abierto porque están cayendo algunas gotas. Al cabo de un rato, más de mil años se aproximan por mi izquierda, es el primer grupo de participantes, el de veteranos. Son los primeros de las aproximadamente 2800 personas que van a tomar la salida. Ya sé que tomaré la salida porque en las bases se especifica que la marcha puede anularse antes de comenzar (por ejemplo por condiciones meteorológicas adversas) pero que una vez comenzada no será suspendida. De hecho nunca ha tenido que ser anulada, pese por ejemplo al diluvio de la pasada edición en el momento de la salida.



A las 17:29 han tomado la salida los mayores de 60 años que hayan querido gozar de más horas de luz en la bajada hasta Aiguafreda. Ése es el motivo de que a partir de las 13h, hora a la que comienzan a darse las horas de salida, la gente ya esté en Collformic para adjudicarse la salida lo antes posible. A mí el autocar me ha dejado a las 16:45 por la zona tras partir a las 14:50 de Barcelona por lo que mi hora de salida será bastante tarde, cosa que no me importa. En cambio, me hubiera gustado tener la oportunidad de tener tiempo para ascender al Matagalls y desde arriba empalmar el descenso con mi salida en Collformic. Observo como van pasando los corredores y caminantes. Vienen de la salida, atraviesan la carretera (Coll Formic) y comienza la subida por pista hacia el Pla de l´Ase Mort. Vienen en grupos de 25 ya que cada minuto sale ese número de participantes. Un policía autonómico tiene el tráfico cortado y entre grupo y grupo deja pasar a algunos coches, el caos circulatorio continúa siendo importante. Cuando falta poco para que sea mi hora, bajo hasta la salida de la prueba.



Por delante tengo una de las travesías más duras de las que configuran la Copa Catalana de Marchas de Resistencia de la Federación de Entidades Excursionistas de Cataluña. 83,3 kilómetros de distancia y 5980 metros de longitud son los datos de los organizadores, quien sabe cuales serán los de la guardia urbana o los del ayuntamiento. La prueba, no competitiva, es una marcha de larga duración, de resistencia y de largo recorrido. Los que ya han participado en ella conocen el cansancio, el sufrimiento, las ampollas y las lesiones que puede provocar. La pregunta estrella suele ser “¿qué hago yo aquí? El reto consiste en superar la distancia y el importante desnivel acumulado, luchando contra el cansancio físico y mental que comporta la dureza del trazado y la noche. Es necesario un buen entrenamiento específico para disputarla, cosa que por desgracia no tengo. Mi “entrenamiento” de esta semana ha sido levantarme cada día a las cinco para trabajar doce horas seguidas, es decir, esta mañana ya estaba hecho polvo antes de comenzarla.



La verdad es que la máxima distancia que he recorrido ronda los 40km. Fue en octubre pasado cuando realicé a pie el recorrido entre Puente la Reina y los Arcos, dos localidades navarras, durante mi comienzo en el Camino de Santiago. De todas formas, confío en mí mismo y en mis posibilidades, ya que psicológicamente es difícil echarme para atrás hablando en términos montañeros, no vitales. Cuando me propongo ascender tal cima arriesgo hasta la vida por ello, siendo el típico ejemplo la reciente ascensión en solitario al Pico Maldito exponiéndome al vacío en una pared de grado III mojada sin ningún tipo de conocimiento de escalada y/o aseguramiento. El día que me mate en la montaña espero que sea en la realización de algo que valga la pena y no de la manera más tonta. Y si puede ser, regresando del objetivo, como le sucedió al legendario George Mallory. Que en paz descanse la foto de su mujer que dejó en la cima como tenía planeado, nunca más se supo de este pequeño y a la vez gran papelito de pocos centímetros de base y altura.



A las 18:55 tiene lugar el comienzo del viejo sueño. Es una lástima tener que partir por debajo de los 1699 metros de la cima del Matagalls. Desde 1998 la marcha no comienza en ese rincón de mundo porque el paso de tanta gente en tan poco tiempo provocaba la degradación del suelo entre la cima y Collformic. Uno se pregunta si en el resto del recorrido no pasa el mismo número de gente y si no hace más daño al parque natural el atasco de coches que hay hoy en Collformic o el que hay cada vez que nieva en los alrededores de la cima del Turó de l´Home, en donde se juntan centenares de coches. Supongo que un colectivo minoritario y por tanto marginal es más fácil de manipular sobre todo si éste se deja aceptando prohibiciones estúpidas y ridículas habidas en parques naturales, en algún parque nacional no muy lejano y hasta en monumentos. La tradición surgida a partir de la caminata del obispo Mn Jaume Oliveras (1877-1957) entre la cima del Matagalls y el monasterio de Montserrat el 4 de agosto de 1904 y seguida por unos pocos de miles de personas es más fácilmente retocable que otras tradiciones sanguinarias pero de mayor seguimiento y por tanto menor marginalidad. Por suerte voy a poder participar antes de que alguien caiga en que a Montserrat llegan más de 1500 personas en pocas horas por su falda y se decida trasladar la meta a la base de la montaña, pues cosas peores se han visto.



Por delante tengo el parque natural del Montseny, els Cingles d´en Bertí, el parque natural de Sant Llorenç de Munt i Serra de l´Obac i el parque natural de la Montaña de Montserrat, entre otras cosas. Pese a que no me gustan las prisas ni lis tiempos, dado que la prueba tiene un límite teórico, pienso en ello. La diferencia del punto de partida respecto al histórico trayecto me hace imponerme límite por motivos éticos, no deportivos. Así, espero completar la prueba en un máximo de 22h y media, ya que superado este no hubiese terminado la auténtica Matagalls Montserrat. La hora y media no es el tiempo de bajada hasta Collformic, sino que incluye una estimación extra debido a que iría más tocado tras ascender y descender el Matagalls. Los atletas suelen tardar entre 12 y 15 horas en completar el recorrido, los veteranos entre 17 y 20 horas, y la mayoría más de 20 horas. Los hay que tardan más de 24 horas, y, por supuesto, los hay que deben abandonar por diversos motivos.



La historia de la prueba comienza en 1972, cuando el Club Excursionista de Gràcia creó la marcha en memoria de fue Mn Jaume Oliveres, unos de los pioneros de la escalada en Cataluña. La caminata se realizó cada dos años hasta el año 1989, momento a partir del cual se realiza anualmente. En la primera edición hubieron 159 inscritos y la cifra fue aumentando hasta los 2969 inscritos de 1993 y los 2865 de 1994. A partir de ese año el número de inscritos comenzó a descender hasta 2001, año en el cual se inscribieron 1706 personas. A partir de entonces el número de inscritos ha ido aumentando hasta la actualidad, siendo en los años 2002, 2003, 2004 y 2005, respectivamente, 2064, 2194, 2410 y 2826 inscritos. En 2005 el 47% de los 2826 inscritos no llegaron a Montserrat. 2503 participantes tomaron la salida y 1500 de ellos llegaron a meta. Entre los que tomaron la salida, el 41,1 % abandonó durante la prueba, más de la mitad de ellos entre el control 4 y 6, es decir, en Sant Llorenç Savall y alrededores.



En la línea de salida me sellan por primera vez la hoja de ruta. He salido el más rápido de mi grupo de 25 caminantes y en pocos metros dejo a mis compañeros atrás, me uno a los del minuto anterior y llego a Collformic con los nuevos compañeros. A partir de ahí comienzo a reflexionar sobre la táctica a seguir para conseguir llegar a meta, sin importarme el tiempo empleado siempre que no exceda del máximo ético que me impongo (22h30min). Un gran consejo que he recibido es que en la Calma no haga caso a los demás, ya que salen acelerados hasta Aiguafreda y luego eso se paga más adelante. Tomo el consejo al pie de la letra y me tomo la caminata con toda la calma del mundo, poco me falta para ser arroyado por la multitud. Mientras tomo unas fotos del Turó de l´Home y del Turó Gros con la colorida salida en diminuto me adelanta muchísima gente.



Hay cuestiones que aumentan la probabilidad de llegar a metan, incluso puede que sean imprescindibles para ello. Por ejemplo, hay que estar mentalizado y pensar que se va a conseguir llegar a meta. También es importante saber regular las fuerzas ya que si en un momento dado se abusa, más tarde el esfuerzo pasará factura. Haber realizado un entrenamiento previo es algo importante que carezco. Los veteranos afirman que no parar demasiado tiempo en los controles y los avituallamientos ayuda. Tampoco hay que olvidar la correcta hidratación, no hay que esperar a tener sed para beber. Con todo ello, sólo es cuestión de no perderse y seguir las marcas de pintura roja y verde con un círculo blanco (muchas de ellas el teórico círculo no lo tienen) o bien seguir a la multitud, sobre todo de noche ya que las marcas cuestan de ver.



La primera parte de la travesía consiste en ascender al Pla de l´ Ase Mort, atravesar la Calma y descender el Montseny hasta Aiguafreda. La Calma es uno de los tres macizos que forman el Montseny, el más plano de ellos. Los otros dos macizos que forman el Montseny son el Matagalls y el Turó de l´Home/Les Agudes. Coll Formic es un collado, punto de unión entre el macizo del Matagalls y el de la Calma. La Calma se atraviesa por una ancha pista de tierra que avanza más o menos plana entre prados. El primero de ellos es el Pla de l´ Asse Mort, al cual se accede en un cuarto de hora de subida desde Collformic. Al llegar al Pla de l´ Asse Mort contemplo los prados. A un lado de la pista acampé este verano junto a Alba, me trae buenos recuerdos. El otro lado de la pista, en cambio, me trae malos recuerdos. En esos prados hice mi único vivac hasta la fecha. Fue hace un par de años, también con Alba. Recuerdo que había multitud de mosquitos y un ruido ensordecedor provocado por los insectos; nunca mais. En cambio, en la acampada salimos abrigados por la manta de mi cama a ver la salida del Sol, aunque los macizos del Montseny no nos dejaron ver nada. Recuerdo que incluso me permití el lujo de la almoada de mi cama.



Durante todo el largo tramo plano de la Calma me lo tomo muy tranquilo, camino lo más lento que me es posible a posta. No estoy acostumbrado a ir tan despacio, siempre voy acelerado, pero todo sea por acabar en el reinado de la Moreneta, la patrona de Cataluña. Sería un error salir a comerme el mundo porque con mi manera de actuar en la montaña lo daría todo durante unos kilómetros y luego quizá no llegaría a meta, así que renuncio a mi instinto. Eso es lo que se llama saber reservarse las energías, al menos de momento. No me planteo la posibilidad de no llegar al objetivo. También Mallory dijo en 1924, año de su muerte, que no se imaginaba el regresar del Everest sin haberlo coronado, cosa que cumplió hiciera cima o no. Unos de mis defectos montañeros es que no sé renunciar y me lo juego todo por conseguir lo que tenía planeado. Si hay que arrastrarse, gatear o reptar para llegar, que sea así.



La gente va acelerada, por momentos pienso que me debo estar quedando de los últimos. Mientras yo no adelanto a nadie, el resto de participante no para de pasarme. Pasan dos corriendo y uno le dice al otro: “Aquí ahí de todo, hay gente que va a su rollo y pasa de todo”. ¡Eso va por mí! Más lento imposible. Tomo varias fotografías de la puesta de Sol mientras continúo siendo rebasado por la multitud. Aún recuerdo cuando el profesor de autoescuela decía que cuando se pasa junto a un coche parado es un rebasamiento, no un adelantamiento, ya que para lo último el vehículo que se deja atrás debe estar en movimiento.



Continúo por la pista ancha de la Calma, siempre entre prados y siempre siendo adelantado. El alto índice de abandonos me hace desconfiar de la prueba pese a su buena pinta en los kilómetros iniciales por cómodo camino. De todas formas, en la vida hay cosas mucho más duras que caminar por voluntad propia, por placer. Esta prueba, para el 95% de la población es totalmente absurda e insuperable. Otros, en cambio, sacrificamos tiempo, dinero, amor y salud; todo por un sueño. El monasterio de Montserrat para mí es la meta, y llegaré aunque sea gateando o reptando si es preciso. ¿El motivo? Porque quiero, por nada más. No por llegar nadie es mejor que por no hacerla, es simplemente el mismo, al igual que por no ser premiado un buen escritor deja de serlo cuando es aún desconocido. No llegar este año no significa no llegar el año que viene o el otro.



La noche va cayendo sobre nosotros. A mano izquierda he visto las ruinas del Café. De unos 2800 participantes que nos hemos inscrito, según me ha informado un señor de la organización, más del 90% deben de andar por delante de mí, quizá más del 95%. Mientras observo iluminada la población de Centelles a mano derecha y el Tibidabo a mano izquierda, los demás participantes siguen acelerados, hay cierta prisa para llegar a no sé donde entre ellos. Yo pienso: “la marcha es dura y debo reservarme, que vayan tirando si quieren, yo paso”. Me acuerdo de Félix, compañero en la coronación a cinco tres miles este mes. Su nick es Narhinan, y como me explicó proviene de su manera de caminar: Arar-hi anant. Es decir, ir chino chano, lo que estoy intentando imitar pese a no estar acostumbrado a ello. Todo sacrificio valga con tal de llegar al monasterio. Antes de anochecer Montserrat ha sido visible en el horizonte, pequeñita, ¡quién diría todo lo que contiene aquella pequeña mancha del horizonte! El paraíso de escaladores, el centro cultural de un país, el lugar de hospedaje de unos monjes, la primera vía ferrata catalana, infinitas canales.



Avisto a lo lejos una luz en la oscuridad llamada C-I. No es un OVNI, es el control número uno, ubicado en la Calma. Me llena de satisfacción comprobar que mi cronómetro marca que llevo 1h48min caminando mientras que el tiempo medio empleado por los participantes de la última edición es 1h23min. ¡He conseguido tardar un 30% más! Eso debe de haberme aportado una energía extra que aún mantengo en reserva respecto a haberla utilizado en este fácil trazado. El tiempo medio de 2005 lo voy a utilizar en cada control para ir sabiendo mi tiempo de llegada. Si el tiempo medio fue de 18h38min, ahora continuando al ritmo medio ya tardaría eso más los 25 minutos perdidos hasta ahora, me voy a más de 19 horas. Esta diferencia debe ir aumentando pese a que camine a ritmo normal, ya que la media no coincide con el ritmo de un caminador medio por dos motivos importantes: incluye los bajos tiempos de los que la pasada edición la hicieron corriendo y no incluye a los que tardan más de 24 horas. A ojo le hecho unas 20-21 horas, supongo que eso tardaré si todo va bien.



La planicie de la Calma queda atrás en el momento de comenzar la fuerte bajada a Aiguafreda, seguramente la más dura de la marcha ya que se trata de bajar desde el Montseny hasta la plana. Lo que era una cómoda pista pasa a ser una trialera abrupta de tierra húmeda y embarrada debido a las lluvias de la última semana. Es una bajada peligrosa debido a que el suelo es resbaladizo y se producen algunos resbalones entre los participantes. Hay una gran retención de gente en fila india ya que hay que extremar las precauciones, de manera que estamos parados, arrancamos, paramos, y así sucesivamente, como si fuese un atasco de coches. Esto siendo de noche causa bastante agobio y me alegro al pasar a ser una pista que mediante curvas y siempre en descenso me lleva hasta Aiguafreda impactado por las luces frontales de los demás participantes. Cuando miro para detrás y las veo, parece que sean alienígenas que vengan a abducirme. Es una de las imágenes que más se me van a quedar grabadas, es fascinante ver avanzar unas luces en la oscuridad hacia ti.



En la bajada ya no camino tan deliberadamente despacio, no me adelantan muchos pese a que no voy a la caza de nadie, esa no es mi guerra, lo mío es reservarme para poder llegar a Montserrat y cumplir un viejo sueño. Hablando de sueños, éste va a ser el último de un verano cargado de ello. He ascendido a 13 tresmiles, entre ellos al Aneto, al pico Maldito y a la Pica d´ Estats. He acampado en Vall de Núria y en el Montseny, he dormido en el refugio metálico de Baborte, he ascendido por tercera vez los picos más altos de Cataluña en menos de dos años y he escalado por primera vez.

Tras descender el Montseny llego a la población de Aiguafreda (16km). Hay una fuente llena de gente que pasa por ser el primer punto con agua. No sé si los caminantes paran a beber, o si beber es la excusa ideal para parar. Yo ni siquiera bebo. Me despisto un poco al no ver a nadie delante por la ciudad, están todos bebiendo. Unos vecinos me dicen que vaya bajo un puente, eso hago, llevo 3h30min.



Comienzo una ascensión sin saber lo larga que es, se trata de la subida a los Cingles d´en Bertí. Tras un cartel que dice “itinerari Cingles d´en Bertí” me doy cuenta de lo que me espera cuando veo una hilera de luces que hace algún zigzag y que sube hasta arriba del macizo. La montaña presenta una franja rocosa horizontal, lo que en catalán se dice “cinglera”. Es una subida no muy dura pero constante, cosa que hace desaparecer la prisa de los demás, entonces surge la mía. Uno a uno va cayendo todo aquél que me encuentro delante, sobre todo al aumentar la dureza de la subida. Sé que estoy haciéndolo mal al consumirme en una pendiente tan alejada de meta pero es demasiado disfrute. Tengo muchas energías por gastar pero debo conservarlas, no debo hacer el tonto de esta manera y picarme con una subida a 67km de meta. Tras un rato de forzar al máximo e ir apurado pulmonísticamente hablando bajo el ritmo demostrando la racionalidad del ser humano ante los impulsos naturales, cosa que nos diferencia del resto de animales existentes.



Una vez subido a lo alto de la cinglera el terreno es de inclinación suave y transcurre igualmente por pista ancha. A lo lejos vuelvo a avista un control, se trata del dos y mi cronómetro marca 4h20min, pierdo 45 minutos respecto a las 3h35min de referencia. Es decir, he disfrutado de los primeros veinte kilómetros casi una hora más de lo que tocaba. Ni en éste ni en el anterior control paro a descansar, me pongo inmediatamente en marcha al deseado y cercano avituallamiento. Es una sorpresa el no haber comida hasta el 21,3km habiendo seis avituallamientos en 83,3km. Tras pasar junto a una masía con vacas, veinte minutos antes de medianoche llego al primer avituallamiento, aún sin cenar. Por la Calma me he comido unos cacahuetes con miel, lo único que he traído de comida. Hay gran cantidad de gente, me pongo a la cola para acceder a la comida. Ummm…



Hay unos bocadillos triangulares de pan bimbo, caen dos de atún y medio de bacon. Como aún no he bebido, me muero de sed y me bebo de golpe cuatro vasos de caldo en lugar de agua, aquí llamados brou. Cojo galletas un par de veces y una rodaja de naranja. Me acerco a un depósito de agua con botijos y bebo de ellos, es otra imagen impactante para recordar. Creía que los botijos de cerámica sólo se encuentran en los museos de antigüedades. Me cambio por primera vez los calcetines y parto 25 minutos después de haber llegado. Poco tarda en hacerme efecto el empacho de caldo. No me encuentro bien, ando con mucho cansancio, sueño y malestar, son las doce y pico de la noche. He metido la pata, snifff. Las cosas s ponen feas, más negras que la oscuridad que me rodea. Seguramente tenga fiebre, ayer noche tuve y mañana tarde cuando regrese a casa también. ¡Maldita cena!



Desde que he dejado atrás el avituallamiento hay menos gente a mi alrededor. La ambulancia ubicada en el avituallamiento baja a toda velocidad rozando a dos chicos cercanos que se enfadan por ello, debe haber algún participante con problemas de salud importantes. Cruzo una carretera que presenta un crucero de piedra y comienzo otra ascensión, esta vez más entretenida y solitaria a diferencia de la anterior pista llena de gente. A mitad de subida paso junto a una casa que tiene en el exterior un pozo de piedra, igual de ahí proceden los Diminutos. Y pensar que cuando era pequeño buscaba a los Gnomos por los bosques de la Conrería. La subida tiene algún tramo de piedra lisa y grande en lugar de tierra al más puro estilo montserratino. Un par de chicas bajan (abandonan), en la ascensión al cingle también me he cruzado con gente que abandonaba retrocediendo a Aiguafreda. Debe ser duro eso de deshacer lo caminado para retirarse, yo no sería capaz de hacerlo.



Si hay 2800 participantes, hay 2800 Mm diferentes. Cada uno tiene una forma de entenderla, disputarla, sentirla y vivirla. Para mí es una prueba, un reto. Es el conquistar el horizonte, lo inalcanzable para la mayoría. Al ir solo puedo marcarme el ritmo en todo momento sin estar a expensas de otros. Si tuviese compañía, por el contrario, iría más entretenido, haría vida social y la noche sería menos dura así como la prueba en general, siempre en términos psicológicos. Pero que le vamos a hacer, ¡no he conseguido engañar a nadie para que se venga! Todos saben que es la Mm y no se quieren meter en estos berenjenales. A decir verdad, los participantes suelen ser mayores que yo, así como mis compañeros de excursiones. Los jóvenes de mi edad a estas horas de la madrugada, un sábado noche están de fiesta, no están sufriendo en medio del oscuro monte. Que le vamos a hacer si soy un inadaptado social.



A las dos y media de la madrugada llego al segundo avituallamiento, situado a los 31km y a falta de más de 50km hasta la meta. Un cartel indica que se trata de la urbanización Pinars de Badó, ubicada en Sant Quirze de Safaja. Tomo chocolate líquido, tortilla de patatas y galletas. Huyo del caldo como de la muerte. El cielo nublado hasta ahora, comienza a destaparse y aparece la luna. Delante andan algo lejos, atrás también. Apago el frontal y se hace la oscuridad. Obtengo otra de las imágenes impactantes: observo el cielo estrellado tras las copas de los altos árboles de un bosque, que tenebroso. Se acercan luces por detrás, continúo caminado. Busco el cúmulo de las Pléyades, lo que más me ha impactado al ser visto en telescopio aparte de la Luna, Saturno y Júpiter. Las encuentro, veo seis de sus estrellas a simple vista. Este número es variable, depende de la calidad de la vista del que mira y de las condiciones ambientales como son la luminosidad de la zona. En la antigüedad ya eran objeto de observación e incluso de sacrificios humanos en América del Sur.



La noche es fresca y húmeda. Al pararme en el primer avituallamiento he cogido frío. En el control cuatro me he cambiado los calcetines por segunda vez y esta vez siento algunas molestias, no ha salido un buen par. Me recuerda a los neumáticos en la fórmula 1 porque al repostar y cambiarlos, a veces el juego de neumáticos sale malo. Eso me ha pasado a mí con los calcetines pese a no ser heptacampeón en nada, ni tan siquiera soy alemán, asturiano o polaco. Se hace eterno el caminar por una especie de altiplano con vistas extensas, no hay nada que le haga sombra a excepción de una “cinglera” que intuyo en el norte. Al ir avanzando la noche comienza a parecer la constelación de Orión en el firmamento, y con el tiempo aparece por completo. Supero mi anterior récord, unos 40-42 kilómetros. En aquella ocasión andaba de camino a los Arcos, en Navarra, cojeando con una tendinitis en la rodilla así como bajo la lluvia con un poncho del todo a cien de manga corta en el medio de la nada, las infinitas ondulaciones cultivadas.



La rodilla izquierda parece que comienza a resentirse un poco, es una sorpresa. No me espero que el factor limitante pueda ser la rodilla, y lo va a ser. En cambio, de ampollas nada de nada. A las seis menos cuarto me quedo sin luz, hay demasiada humedad para las pilas del frontal. Precisamente estoy a punto de llegar al avituallamiento de Sant Llorenç Savall, uno de los puntos clave de la marcha por no decir el más importante. Al llegar a él, se llevan 45km, cantidad importante. Se lleva prácticamente toda la noche caminando y aún sin amanecer. Aún faltan unos 40 km hasta el monasterio de Montserrat. Y unido a todo ello, tiene transporte en bus hasta Barcelona. Es la combinación ideal para que prácticamente todos los abandonos se produzcan aquí. Por carretera los familiares o amigos te pueden venir a recoger sin problemas. La imagen del avituallamiento es espectacular, todos echados por los suelos. Algunos están arropados por una manta de cama, otros por la manta aluminizada. La mayoría descansa. Hay furgonetas de apoyo tanto de amigos como de centros excursionistas. Me como dos colacaos, un bocadillo vegetal y una manzana también sentado en el suelo como el resto. No tardo mucho en continuar caminando, al resto no se les ve muy por el tema de continuar caminando.



Mientras la parada de autobús está a tope y sigue siendo de noche, me alegro de haber dejado atrás el eterno altiplano y mi siguiente reto tiene un nombre: parque natural de Sant Llorenç de Munt i Serra de l´ Obac. Muchas veces me ha propuesto Jordi, últimamente apodado por terceros como el avi, para llevarme por algún itinerario entretenido y aún no ha podido ser. Va a ser la primera vez que pise este parque natural tan cercano a Barcelona, más que el Montseny y Montserrat y ubicado entre estos dos. Entre el multitudinario avituallamiento y el control cinco hay cinco kilómetros eternos, pero entre el control cinco y el seis hay seis kilómetros aún más eternos. Cuando se llevan tantos kilómetros en las piernas y tantos kilómetros en la cabeza las distancias se dilatan. En concreto, entre el cinco y el seis hay una brutal cuesta en la que me cebo dejando atrás a los que me acompañaban. Uno de ellos le decía a su compañera “si tingués pits i vulva jo no arribaria a Montserrat”. Tras escuchar su reflexión existencial y un blablabla constante he arrancado en la dura cuesta, también para probarme como voy a responder.



Tras la cuesta se observan unas montañas rocosas a las que hay que ir y caminar por terreno rocoso, es algo aérea la pendiente. Tras este tramo desciendo hacia el control seis, momento en el cual de repente me aparece un dolor en la rodilla parecido al que tuve en el Camino de Santiago, también en la izquierda. La cosa se pone fea al tener que hacer la bajada cojeando. Me sellan la hoja de ruta tras 14 horas y 57,2km de caminar, a falta de 26km a meta. Me cambio los calcetines esperando que al ponerme en pie se me haya pasado. Pues va a ser que no. La bajada de 1,4km hasta el avituallamiento de los Donuts cojeando y muerto de hambre se hace eterna. A lo lejos aparece Montserrat, da igual. Lo importante es lo importante. ¿Dónde están los Donuts?Consulto el reloj una y otra vez, ¿cuánto debe quedar? ¿1,4km no son quince minutos? En el km59 aparecen unas carpas blancas, sólo pueden significar una cosa, deben ser el mítico avituallamiento de los Donuts. Ahí están, en una caja, cortados por la mitad…cojo uno…ummm…delicioso, exquisito. Cojo un par, luego otro par, finalmente me zampo ocho mitades, ¡ya no puedo más! Menudo almuerzo. Son las nueve y veinte minutos de la mañana. También cojo unas galletas que parecen tener chocolate blanco y chocolate negro, redonditas y con una especie de figura central.



Abandono el avituallamiento de los Donuts y debo continuar con los 24km que quedan cojeando en las bajadas. Al flexionar la pierna en ella me duele tanto que me es imposible y debo moverla sin flexionar, en cambio en terreno llano o de subida me molesta pero no es un dolor insoportable. El sufrimiento aumenta así como la impotencia al verme avanzando tan lento en los descensos, adelantándomela gente a la que pillo en tramos rectos o de subida. Paso junto a la montaña de la Mola y me espera un eterno descenso hasta la base de Montserrat, una población llamada Monistrol de Montserrat. Montserrat durante horas se ve cerca, como si se pudiera coger. Veo a mi querida Gorra Frígia y al deseado Monasterio de Montserrat. Pero pasan dos o tres horas y sigue estando ene. Mismo sitio. El camino va para la izquierda, la derecha, arriba y abajo, pero no hacia Montserrat. ¡Luego dicen de los rodeos del Camino de Santiago al entrar en las poblaciones! Cojo y medio mareado de tanta vuelta paso por los controles siete en 16horas y ocho en más de 17 horas. Más tarde llego al avituallamiento de Vacarisses en donde aparte de comer tres porciones de tortilla española, galletas y una rodaja de naranja, bebo agua y me cambio los calcetines. El dolor cada vez es más fuerte y la rodilla no la puedo flexionar.



Al llegar al control nueve en más de 19 horas me sitúo ante la montaña de Montserrat, por fin más cercana, pero no mucho más que hace tres o cuatro horas, es increíble la de vueltas que da la marcha. El descenso hasta Monistrol de Montserrat es terrorífico para llevar lo que se lleva de caminata y las secuelas físicas. La dureza es debida al terreno, es rocoso y muy molesto. Hay un tramo con unos diez árboles atravesando el sendero que hay que ir salteando. Cada vez que hay que superar uno es toda una aventuro, uno no está para hacer piruetas con la pierna apenas servible. En Monistrol de Montserrat nos hacen subir hasta arriba del pueblo, subo los escalones agarrado a la barandilla con la intención de poner menos peso en mis piernas. ¿Qué estarán haciendo los bastones de trekking en casa en estos momentos? Tras subir el pueblo, aparecemos en la carretera y… sorpresa. Hay que bajarla. Los que se sabían el truco están subiendo directamente por la carretera sin dar el volteo, que a 79 km del inicio de la caminata, una rodilla echa polvo y la otra pierna dolorida no es moco de pavo…



Comienza la terrible ascensión al monasterio de Montserrat. No se trata de subir a Montserrat desde Monistrol como hace el funicular, el aéreo y como he hecho de excursión, se trata de subir al Monasterio desde el Matagalls, ubicado en el horizonte a 81km de camino. Psicológicamente sólo pienso en llegar, cuanto antes mejor. Al dolor de rodilla insoportable ahora también en subida, se ha unido el dolor de la parte baja de la otra pierna. Y por si fuera poco, son las tres del mediodía y hace una solanera y un calor impresionantes. La subida es agónica y a la vez apoteósica. Es un sufrimiento llevado al extremo y a la vez la culminación del trabajo bien hecho, vencer una prueba que no está hecha para el ser humano, los que asistimos y podemos superarla sólo somos unos pocos en relación con el total de la población. A cada paso debo emplear un esfuerzo sobrehumano. Y yo que quiero subir algún día al Aconcagua. ¡David, no lo hagas, aún eres joven para morir! En un terreno poco liviano como Montserrat me está costando tanto dar un paso como me imagino le cuesta a un himalayista. Me acuerdo del amigo Mallory, pobrecillo, lo mal que lo tuvo que pasar para coronar el Everest con su chaqueta de tweed y su sombrero así como zapatos claveteados.



Durante la ascensión diviso la bandera independentista catalana ondeando en el control diez. Al aproximarme, veo como es un control diferente a los demás, no sólo por la presencia de la bandera. Junto al control hay varias tiendas de campaña, también las había en otros controles. La diferencia radica en los voluntarios. Esas personas a las que los participantes quizá no valoremos lo debido, esas personas que altruistamente hacen posible la marcha, dedicando un tiempo preciado de sus vidas a pasar la noche sellando, cocinando, recogiendo basura, repartiendo agua, etc. Varios cientos de voluntarios del Club Excursionista Gràcia que hace posible la Mm desde su año de nacimiento, el 1972, hasta la actualidad. Pues resulta que en el control diez absolutamente todos son chicos y chicas de unos quince años, y más numerosos que en otros controles. Bajo la carpa tienen los sacos tirados por el suelo y ellos encima y dentro. Algunos pasan el rato con una pequeña pelota junto a la carpa. Si tuviese que elegir un control en el cual quedarme, escogería este sin dudarlo. La verdad es que en los demás la edad media debe superar los 60 años, no hay término intermedio.



El jovencito me sella la hoja de ruta tras 20 horas y 3 minutos de caminata y me desea suerte. Varias personas me han dicho aquí y antes que ya queda poco, y siempre les respondo que “queda un mundo”. Todo es relativo y depende del ojo del observador. Para quien está ahí y ve la montaña tan cerca es cierto que apreciará de una manera diferente al que llega de caminar más de 80km, sin dormir, superando las 20 horas. Entre el control diez y el monasterio son 65 minutos interminables. Debo de hacer alguna parada pese a intentar no hacerlas. Estoy echo polvo, me duele todo, tengo calor, tengo sed, tengo sueño. Da igual, hay que llegar. Faltan dos kilómetros, sí. Si faltasen veinte también lo haría. Estoy acostumbrado a sufrir cuando salgo a la montaña, no es una novedad. Aunque hoy está intensificado al límite. Parece no llegar la fin, llego hasta unas tuberías. Por ahí he bajado con Jordi, Sigrid, Pratenc y Nurimosa este año. ¡Quién me iba a decir aquel día que este año estaría subiendo por aquí en la Mm! Si me hubiera podido ver por un agujero en el futuro, ahora. Hoy es el futuro de ayer, de la misma manera que hoy comienza el resto de nuestra vida.



Continúo con la ascensión junto a la tubería y llego hasta unos escalones. Jordi diría que no son escalones simpáticos, yo también lo digo. ¡Malditos escalones! Cada escalón es dolor extra para la rodilla. Tras los escalones, llega la sorpresa. No aparezco en la Santa Cova, aparezco en el camino de la Santa Cova, ya más cerca del monasterio, justo en el cruce en el que hay miles de millones de señales de pintura. Quedarán unos doscientos metros hasta el monasterio de brutal pendiente. En ella varios caminantes luchan con todas sus fuerzas contra ella. Es como las etapas de montaña en ciclismo, parece que no avancemos, la velocidad es lenta. Las caras de sufrimientos son tremendas, se comenta entre la gente que “pasea”. Uno de los paseantes domingueros dice “no es para tanto” a otro, ¡claro, tu no vienes de estar 21 horas caminando sin dormir!



Es el momento de gastar el último cartucho ahora o nunca. Me cuesta pero encuentro las energías para adelantar a los presentes en la gran cuesta, llegando a las escaleras que dan acceso al funicular, llenas de curiosos. Ya sólo pienso en subirlas y atravesar la calle, y eso hago. Entonces de la plaza del monasterio de separan unos treinta escalones repletos de turistas. Abran paso, señores, aquí llega uno de esos locos que vienen del Montseny. Treinta escalones menos, un giro a la derecha, y un sueño cumplido más; ante mis ojos, el Monasterio de Montserrat. 21 horas y ocho minutos, es decir, 1268 minutos o 76.080 segundos. Obtengo el premio material a mi esfuerzo, es un adorno de madera con el itinerario y mi tiempo empleado. El gran premio lo almacenaré en el interior, en la cabeza; allí en donde nacen los sueños; allí van a parar los que cumplo, al lugar de donde vienen.



“Dos años después se acerca el gran sueño... o la gran pesadilla... el tiempo dirá”, dije hace unos días. Ha llegado el momento de ver que ha dicho el tiempo. Lo importante es lo que queda, es decir, lo importante es que he llegado. El sufrimiento y las secuelas físicas en un par de días serán historia, mientras que la Mm la tengo hecha de por vida. Por tanto, la pesadilla ha existido temporalmente, pero lo que queda en la memoria es el sueño cumplido, una ilusión de un soñador despierto hecha realidad.





Tabla resumen de los tiempos empleados por mí, las horas y el tiempo medio de 2005



Control hora tiempo de caminata km lugar

0 18:55 0 0 Collformic (1125m)

1 20:43 1h48min 8,6 Alzina de la Calma

2 23:15 4h20min 19,5 Pla de la Garga

A1 23:40 4h45min 21,4 Can Joanot

3 01:40 6h45min 28,2 Casa de la Rovireta

A2 02:30 7h35min 31,5 Coll de Poses

4 03:30 8h35min 35,7 l´Era de les Cases

A3 05:45 10h50min 45,2 Sant Llorenç Savall

5 07:20 12h25min 50,9 Pista del Dalmau

6 08:55 14h 57,2 Coll de Grua

A4 09:20 14h25min 58,6 Camí Moliner

7 10:55 16h 64,6 Collet del Queixal

8 12:10 17h15min 69,3 Les Vendranes

A5 12:55 18h 72,8 Vacarisses

9 14:07 19h12min 77,2 Hostal de la Creu

10 14:58 20h03min 80,2 Pista de l´aigua

meta 16:03 21h08min 83,3 Monasterio Montserrat

2 comentaris:

Anònim ha dit...

Gran relato DAvid y gran aventura, si señor felicidades. Yo este año la haré por primera vez y sería interesante que me dieras si puedes alguna recomendación. Si quieres puedes enviarme tu opinión a tonygranados@gmail.com
Gracias,

Anònim ha dit...

Esto si que es una aventura y lo demás son tonterias, felicidades!!!!!